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¿El “autismo virtual” es un diagnóstico?

Qué significa la expresión, de dónde viene y qué hacer si es la palabra que usted buscó.

Por Adam Linmore · 29 de octubre de 2026

Respuesta corta: no. El “autismo virtual” no es un diagnóstico oficial. No hay criterios consensuados para definirlo, y ningún médico puede diagnosticárselo a un niño (Medical News Today, 2025). Es una expresión, y muchísimos padres la escriben en el buscador a altas horas de la noche. Esta página explica qué significa y qué hacer con la preocupación que hay detrás.

De dónde viene la expresión

El término suele atribuirse a un psicólogo rumano, Marius Teodor Zamfir. En 2018 publicó un artículo que proponía un síndrome parecido al autismo en niños menores de tres años que pasaban más de cuatro horas al día frente a las pantallas (Zamfir, 2018). Era una propuesta, y ningún manual diagnóstico la ha adoptado.

Por qué hay investigadores que se oponen al nombre

En 2026, investigadores del autismo de los Países Bajos publicaron un comentario en la revista Autism titulado “Why the term ‘virtual autism’ warrants caution” (“Por qué el término ‘autismo virtual’ requiere cautela”; Krijnen y colaboradores, 2026). Sostienen que la etiqueta distorsiona el autismo tal como se entiende hoy, difunde entre el público malentendidos sobre el autismo y refuerza “ideas anticuadas sobre la culpa de los padres”. Para referirse a lo que observan los padres, proponen un nombre más sencillo, como “retraso del desarrollo relacionado con las pantallas”.

La culpa a la que se refieren viene de lejos. Durante décadas, a los padres de niños autistas se les dijo, erróneamente, que ellos eran la causa. Un nombre que lleva a un padre o a una madre a preguntarse qué hizo mal arrastra esa historia. El autismo es una diferencia del neurodesarrollo que dura toda la vida, y no es culpa de nadie.

Lo que sí muestran los estudios

La preocupación que hay detrás de la expresión es real. Los estudios que siguen a los niños a lo largo del tiempo han relacionado mucho tiempo de pantalla en los primeros años con un desarrollo más lento, en promedio, y también muestran por qué el panorama es difícil de interpretar.

En Calgary, Canadá, unos investigadores siguieron a 2441 niños. Más tiempo de pantalla a los 2 y a los 3 años se asoció con puntuaciones más bajas en una prueba de tamizaje (cribado) del desarrollo a los 3 y a los 5 años. No se observó lo contrario, es decir, puntuaciones más bajas seguidas de más tiempo de pantalla (Madigan y colaboradores, 2019).

Un estudio japonés con 437 niños abordó la cuestión desde el otro lado. Los niños con una mayor predisposición heredada al autismo pasaban más tiempo frente a las pantallas de muy pequeños, y tenían aproximadamente el doble de probabilidades de estar en el grupo que las veía más de cuatro horas al día (Takahashi y colaboradores, 2023).

Ambas cosas pueden ser ciertas a la vez. Las pantallas le quitan a cualquier niño tiempo de conversación y de juego, y algunos niños se sienten atraídos por ellas, o se les ofrecen más, por razones que no son culpa de nadie. Son asociaciones halladas en estudios observacionales. Muestran patrones, no causas, y ninguno de estos estudios puede decirle en cuál de los dos casos está su hijo.

Un resultado de tamizaje tampoco es un diagnóstico

La Academia Americana de Pediatría recomienda que a los niños se les haga un tamizaje de autismo en las revisiones de los 18 y los 24 meses (Hyman y colaboradores, 2020). Un cuestionario de tamizaje está diseñado para señalar qué niños conviene examinar más a fondo, y puede equivocarse en ambos sentidos. En un estudio con casi 26 000 niños pequeños sometidos a tamizaje en atención primaria, unos 15 de cada 100 de los que dieron positivo recibieron después un diagnóstico de autismo, y menos de 4 de cada 10 de los niños diagnosticados más tarde habían dado positivo (Guthrie y colaboradores, 2019). Un resultado preocupante es un motivo para pedir una evaluación. Uno tranquilizador no es un motivo para dejar de lado lo que usted observa.

Qué hacer con la preocupación

Dé prioridad al siguiente paso, no a la etiqueta. Cuéntele al médico de su hijo lo que ha notado y pregunte si conviene una evaluación. Averigüe también qué servicios de atención o intervención temprana hay en su país o región; en Estados Unidos, si su hijo tiene menos de 3 años, puede comunicarse con el programa de intervención temprana de su estado.

Si las cosas mejoran después de apagar las pantallas, mantenga la evaluación de todos modos. Tener un panorama preciso es lo que permite que un niño reciba la ayuda adecuada, sea cual sea el resultado.

Cambie en casa lo que pueda, en cualquier caso. El consejo del libro es este: nada de pantallas antes de los seis años, en la medida de lo posible, salvo las videollamadas con la familia; después de los seis, poco rato, contenidos de ritmo lento y en compañía.

A ningún padre ni a ninguna madre se le puede culpar por buscar. Si usted busca, es porque está prestando atención.

Algo para probar esta semana

Describa, no etiquete. Antes de la próxima consulta de su hijo, escriba tres o cuatro frases sencillas sobre lo que ha visto y, más o menos, cuándo empezó o cambió: palabras, miradas, juego, sueño. Deje fuera de la hoja la expresión que buscó. Una descripción le da al profesional algo con lo que trabajar. Una etiqueta, sobre todo una que ningún profesional usa, estorba.

Esta página se basa en el capítulo 7 de Autismo virtual: Qué pasa cuando se apagan las pantallas (edición Kindle en Amazon.com, Amazon.es y Amazon.com.mx). Más sobre el tema: Autismo virtual: qué es y qué hacer en casa.

Información general, no consejo médico. Si le preocupa el desarrollo de su hijo, hable con su pediatra.

Fuentes (en inglés)

  • Medical News Today. Artículo sobre el “autismo virtual”, de Zia Sherrell, MPH; con revisión médica de Dannell Roberts, PhD, BCBA-D. 3 de noviembre de 2025. medicalnewstoday.com/articles/virtual-autism

  • Zamfir MT. The consumption of virtual environment more than 4 hours/day, in the children between 0-3 years old, can cause a syndrome similar with the autism spectrum disorder. Journal of Romanian Literary Studies. 2018;(13):953-968.

  • Krijnen LJG, Scheeren AM, van Asselt A, Begeer S, Plak SR. Why the term ‘virtual autism’ warrants caution. Autism. 2026 (publicado en línea antes de la versión impresa). doi:10.1177/13623613261434478

  • Madigan S, Browne D, Racine N, Mori C, Tough S. Association between screen time and children’s performance on a developmental screening test. JAMA Pediatrics. 2019;173(3):244-250. doi:10.1001/jamapediatrics.2018.5056

  • Takahashi N, Tsuchiya KJ, Okumura A, et al. The association between screen time and genetic risks for neurodevelopmental disorders in children. Psychiatry Research. 2023;327:115395. doi:10.1016/j.psychres.2023.115395 (cifras tomadas del resumen del estudio publicado por la Universidad de Nagoya)

  • Hyman SL, Levy SE, Myers SM; Council on Children with Disabilities, Section on Developmental and Behavioral Pediatrics. Identification, evaluation, and management of children with autism spectrum disorder. Pediatrics. 2020;145(1):e20193447. doi:10.1542/peds.2019-3447

  • Guthrie W, Wallis K, Bennett A, et al. Accuracy of autism screening in a large pediatric network. Pediatrics. 2019;144:e20183963. doi:10.1542/peds.2018-3963

Traducido del original en inglés con ayuda de software de traducción; la versión en inglés es la de referencia.